El otrora reputado y admirado ciclista Lance Armstrong ha concedido una entrevista en exclusiva a este rotativo, tras el revuelo causado por sus declaraciones en su famoso cara a cara con la mediática Oprah Winfrey. El ciclista nos cita en uno de los lujosos hoteles que fueron testigos de excepción de la elaborada trama de dopaje. Armstrong abre la puerta de su habitación ataviado con un bigote falso y unas gafas con nariz postiza. Una vez dentro, se quita la caracterización que lleva. “Ahora necesito camuflarme. Últimamente la fama no es tan divertida” Asegura apesadumbrado. “Antes se me acercaban las mujeres, jóvenes pidiéndome autógrafos (…) Ahora no doy abasto para sacarme de encima a gente de dudoso aspecto que sólo me pide: un pico de eso guapo que te metes. La verdad es que no entiendo nada”. Armstrong nos ofrece un refrigerio. “Tengo un A positivo de la época de Perico Delgado con el que puedes cruzar el estrecho en bicicleta”, nos cuenta sin ningún pudor. Tras declinar la oferta, nos sentamos y comenzamos la entrevista.
P: ¿Cómo
empezó todo?
R: Fue a
finales de la década de los noventa, en una gala a favor del deporte limpio.
Tras el cocktail, el Dr. Fuentes se me acercó y me preguntó si quería probar
algo bueno. Yo creía que íbamos a fumar un porrillo o algo así, pero al llegar
a su habitación me encontré una situación totalmente diferente.
P: ¿A qué se
refiere?
R: Pues que
aquello parecía un quirófano. ¡Había hasta enfermeras! Al principio creí que
era algún tipo de juego sexual, pero después me asusté y salí corriendo. El doctor
Fuentes tardó pocos segundos en alcanzarme. Cuando le pregunté cómo lo había
conseguido, él solamente me dijo una palabra: EPO.
P: ¿Fue
entonces cuando comenzó a doparse?
R:
¡Necesitaba saber qué era aquello! Al volver a la habitación, el Dr. Fuentes me
ofreció una pastilla roja y una azul. Después de dudar unos segundos cogí la
roja y me la tragué. Fuentes me dijo que muy bien, pero que la azul también tenía
que tomarla, junto con otras tres o cuatro de diferentes colores.
P:
¿Aumentaron su rendimiento?
R: Las
pastillas eran solamente el inicio del tratamiento. A principios del año 1999
ingresé en la villa para deportistas profesionales del Dr. Fuentes, con vistas
a prepararme para el Tour de Francia de dicho año.
P: ¿Fue
efectivo?
R: ¡Con una
sola visita de seis meses gané seis Tours de Francia consecutivos! Había veces
que después de acabar una etapa de más de 400 kilómetros me iba en bicicleta
hasta el hotel, ¡no podía parar! (ríe)
En ocasiones tenían que bajarme de la bicicleta entre dos personas porque no
podía dejar de pedalear.
P: ¿En algún
momento se le pasó por la cabeza que estaba haciendo trampas?
R: ¿Cómo me
lo iba a imaginar? Eufemiano Fuentes era un reputado doctor, ¡llevaba una bata
blanca todo el tiempo! Incluso hablábamos de plantearle a la Unión Ciclista
Internacional (UCI) que lo incluyera en las etapas. Imaginábamos algo como la
fórmula uno, ¿sabe?, con un equipo médico en cada meta volante con una bolsa de
sangre fresca lista para ser inyectada. Eufemiano siempre decía “Si los Rolling
Stones lo hacen, ¿por qué nosotros no?”
P: ¿Qué más
puede contarnos sobre el centro para deportistas del Dr. Fuentes?
R: Aquello
parecía una mezcla entre loca academia de policía y el laboratorio del doctor Moreau.
Algunas de las sustancias que probábamos eran experimentales y tenían efectos
secundarios inesperados. He visto deportistas con bigotes que llegaban hasta el
suelo o a los que les empezaban a salir branquias. Algunos vomitaban algo que
parecía un arco iris de colores a otros que orinaban algo que parecía petróleo.
¡He visto llenar depósitos con eso! Creo que puedo asegurar que fui uno de los
afortunados que no los sufrió. O por lo menos no mucho. Al fin y al cabo se
está descubriendo que aquellos pelotones estaban llenos de gente dopada. Yo era
el que mejor se dopaba. Solo me convertí en un tramposo de mierda, que no está
tan mal en comparación, ¿no? Quizás me empadrone aquí en España.

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